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02 June 2013

Abenomics

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Japón está saliendo de la recesión en la que entró en 1990... o al menos eso dicen los analistas cuando ven que, por fin, el PIB Japonés durante el primer trimestre de 2013 fue de 3,8%. Un número espectacular si lo comparamos con el crecimiento negativo de la Unión Europea o las paupérrimas tasas de la propia economía japonesa durante los últimos 23 años.

¿Qué ha pasado en Japón? Pues que su primer ministro ha implementado un nuevo “plan de crecimiento” que ha dado como resultado, una depreciación del yen de un 20%, una subida del Nikkei del 70% y, como he dicho, un crecimiento del PIB del 3,8% durante el último trimestre. El éxito de esa política económica ha hecho que haya sido bautizada como “abenomics” en honor del primer ministro Shinzo Abe, como si fuera un nuevo tipo de economía.

¿En qué consiste el “abenomics”? Aunque parezca un nuevo tipo de economía o un nuevo tipo de política o teoría económica, el “abenomics” consiste en una expansión agresiva de la masa monetaria y un aumento brutal del ya monstruoso déficit fiscal del estado. Es decir, el Banco de Japón se dedica a imprimir ingentes cantidades de yenes y los utiliza para comprar activos, principalmente bonos del estado japonés. ¡Si! Todo el mundo sabe (y el gobierno japonés el primero) que imprimir dinero provoca inflación. Pero la economía japonesa ha experimentado deflación (caídas de precios) en los últimos años por lo que, para ellos, eso no es un problema. Además, los japoneses piensan que, al estar los tipos de interés nominales cercanos a cero, un aumento de la inflación hace que los tipos reales pasen a ser negativos (con lo cual abaratan el crédito a las empresas e incentivan así la inversión privada). Y al aumentar la cantidad o la oferta de yenes en circulación, el precio o cotización del yen baja en relación al de otras monedas como el euro, el dólar o las de todos los países emergentes. Al abaratar la moneda japonesa, también se abaratan los productos japoneses y eso hace que la gente de todo el mundo que está decidiendo entre comprar, por ejemplo, coches japoneses o coches alemanes, se decante por los primeros. Las exportaciones niponas aumentan a costa de perjudicar a las alemanas (y las del resto del mundo) y, con ello, también lo hace su producto interior bruto.

En cuanto a la política fiscal expansiva, el ministro Abe ha decidido no preocuparse por el ya monstruoso déficit fiscal japonés que se espera que llegue al 11,5% del PIB este año. Eso contrasta con la “austeridad” que Europa intenta imporner a España a pesar de que, al final, el déficit español no es mucho más bajo que el japonés! Si bien la expansión monetaria es una novedad en japón, la expansión fiscal no es nueva. Japón ha pavimentado el país entero cuatro veces desde que empezó la crisis y eso no solo no ha funcionado sino que ha generado la deuda pública más grande del mundo y la más alta que ha visto el hombre en el planeta tierra (u cualquier otro planeta “for that matter”). ¿Cómo planea pagar Abe toda esa deuda? El plan es pagarla a través de los impuestos: el impuesto inflacionario que va a resultar de la expansión de la masa monetaria y de un nuevo impuesto de consumo (una especie de IVA) que entrará en vigor en 2014.

Ese previsible aumento de impuestos hace que muchos japoneses tengan miedo, mucho miedo, de lo que pueda pasar el año que viene. La previsión del aumento del impuesto del consumo el año que viene hace que muchos japoneses estén adelantando la compra de bienes duraderos (coches, electrodomésticos, viviendas, etc) con lo que el aumento del consumo ahora se verá contrarrestado por una reducción en 2014. Y todos los japoneses recuerdan lo que pasó en 1997 cuando el gobierno, pensando que la crisis de 1990 ya estaba llegando a su fin, aumentó imprudentemente el consumo y provocó una recaída que ha durado hasta hoy.

El presunto éxito del “abenomics” ha hecho que muchos economistas pidan que los gobiernos de Europa y Estados Unidos hagan lo mismo. Es decir, que abandonen las políticas restrictivas de austeridad y que se embarquen en políticas expansivas de impresión masiva de dinero.

El problema con la expansión monetaria es doble. Primero, todos los economistas del mundo (clásicos, keynesianos, lunáticos, minesotos, etc) están de acuerdo en que la política monetaria solamente tiene efectos a corto plazo. Las diferencias teóricas a parecen a corto plazo ya que las distintas escuelas tienen distintas visiones sobre si los precios se pueden ajustar rápidamente a corto plazo. Los keynesianos dicen que no, los clásicos y los minesotos que sí (los lunáticos dicen una cosa distinta cada día, por eso son lunáticos). Pero todos estamos de acuerdo en que no hay ninguna razón por la que, a la larga, los precios se ajusten por lo que a medio y largo plazo los efectos de la expansión monetaria desaparecen. Ningún loco propone la política monetaria inflacionista como motor del crecimiento económico a largo plazo. En este sentido, que “abenomics” haya funcionado un trimestre o que acabe funcionando un año, no quiere decir que acabará funcionando siempre.

Segundo, por más que funcione en un país (en este caso Japón), no puede funcionar si todos los países hacen lo mismo al mismo tiempo. Volvamos a ver por qué ha funcionado “abenomics”: al imprimer yen, se abarata esa moneda EN RELACION A LAS DEMÁS y, con ello, los productos que se compran con esa moneda EN RELACIÓN A LAS DEMÁS. Eso hace que la gente compre coches japoneses EN SUBSTITUCIÓN DE COCHES ALEMANES. Si Europa se enzarza en hacer lo mismo que japón, el euro bajará y retornará a su posición original por lo que ni el yen será más barato que el euro ni viceversa, por lo que ni japoneses ni europeos conseguirán aumentar sus exportaciones netas y, por ende su PIB. Si los americanos y los emergentes hacen los mismo, acabaremos en una situación en la que todos los países del mundo imprimen dinero pero ninguno consigue abaratar su moneda en relación a las demás por lo que ninguno consigue exportar más o aumentar su PIB. Lo único que consiguen todos es aumentar su inflación.

Dicho de otro modo, “abenomics” solo funciona porque, de alguna manera, consigue “robar exportaciones” a los competidores. Es lo que los economistas llamamos, “políticas de crecimiento a base de empobrecer a los vecinos” (“beggar thy neighbor”). Lógicamente, si el vecino se enfada y hace la misma política de “empobrecernos a nosotros”, ellos recuperan lo perdido y lo recuperan a base de quitárnoslo a nosotros. El resultado final es que nadie consigue sus objetivos.

Conclusión, “abenomics” es un nombre bonito para una política que puede funcionar en un país durante un periodo de tiempo. No una política que funcione siempre y en todas partes.

 

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INTRODUCTORY NOTE

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