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16 September 2017

Por qué debemos votar SÍ en el referéndum del 1 de Octubre: Los Argumentos

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Nos dicen los detractores que la independencia comporta unas grandes incertidumbres. Tienen razón. Nadie sabe qué pasará si nos marchamos. Nadie sabe cómo será el país que construiremos. Nadie sabe cuáles políticas implementarán nuestros futuros gobiernos. Nadie sabe cuáles serán los sectores económicas de los cuales viviremos. Y no sabemos nada de todo eso porque, cuando seamos independientes, seremos un país normal donde todas estas decisiones las tomarán los votantes, los gobernantes, los empresarios, los trabajadores, los educadores, los estudiantes y los ciudadanos en general. Como no sabemos qué decidirán entre todos, no sabemos cómo será nuestro país. Por lo tanto, es verdad que el futuro de una Catalunya independiente está lleno de incertidumbres.

Ahora bien, de la misma manera que el futuro de una Catalunya independiente es incierto, también comporta incertidumbres el futuro de una Catalunya dependiente. ¿O es que alguien se atreve a predecir hacia dónde va España? ¿Alguien sabe cómo acabará el proceso de recentralización que ha empezado el gobierno central? ¿Alguien sabe cómo acabará el modelo de financiación autonómica? ¿O la política de infraestructuras radial? ¿O el modelo educativo? La respuesta es que no. Nadie lo sabe por las mismas razones que nadie puede predecir el futuro de Catalunya: dependerá del qué decidan los votantes, los políticos, los empresarios, los trabajadores, los educadores, los estudiantes y los ciudadanos en general. De la misma manera que la cosa puede ir bien o mal con la independencia, la cosa puede ir bien o mal si seguimos dentro de España. Con una gran diferencia: si nos marchamos, quien tomará decisiones seremos los Catalanes y quien se equivocará seremos los catalanes mientras que si nos quedamos, serán de otros quien tomarán decisiones y se equivocarán para nosotros. Los catalanes queremos tener el derecho a decidir. Queremos tener el derecho a equivocarnos.

Catalunya Dentro de España NO Funciona

Nuestra situación actual, dentro de España, no es buena. El sistema de financiación que tenemos ha llevado a la Generalitat a la insolvencia más absoluta y a no tener ningún margen de maniobra económica o financiera. El déficit de la balanza fiscal, que ronda el 8% de nuestro PIB, nos frena y nos discrimina. El estado hace en Catalunya menos del 11% del total de inversiones que hace en España, cuando Catalunya tiene el 16% de la población y el 18,4% del PIB. Eso, repetido a lo largo de los años, ha hecho que el capital público en Catalunya sea del 52% del PIB mientras que en Extremadura es del 133% del PIB. La mentalidad radial que empezó con Felipe V ha hecho que las redes de trenes, autopistas, carreteras, AVEs y aviones se haya diseñado con criterios políticos y no de eficiencia económica, dando lugar a una estructura radial que claramente perjudica en Catalunya. El sistema económico español, descrito por César Molinas como “Capitalismo Castizo”, se basa más en el favor que resulta de la influencia política para conseguir obras públicas, concesiones o regulaciones favorables más que no paso en la implementación de buenas ideas empresariales. La burocracia es excesiva hasta el punto que el Banco Mundial nos pone por debajo de la Isla de Tonga en el ranking que evalúa la facilidad de crear un pequeño negocio. La “Marca España” de la que, nos guste o no, formemos parte se deteriora irremisiblemente con escándalos en la casa real, en los tribunales, en los partidos políticos, en la clase empresarial y financiero y en las instituciones reguladoras y supervisoras como el Banco de España y la CNMV. El gobierno español ha empezado un proceso de recentralización que, semana sí y semana también, usurpa y se auto-asigna alguna competencia que ha había sido transferida. El ejemplo más flagrante de todo este proceso de recentralización es la nueva ley de educación (la “Ley Wert”) que intenta destruir el modelo de inmersión lingüística que tan bien ha funcionado en Catalunya durante 30 años con el objetivo declarado por el propio ministro de “españolizar a los niños catalanas”. Todo eso se hace gracias al carrete parlamentario implacable del PP y el PSOE. En España se confunde el concepto de democracia con el de dictadura de la mayoría. Cada vez que uno tiene mayoría aprovecha para hacer pasar por el tubo a las minorías. Y como los catalanes, en tanto que catalanes, siempre seremos minoría en España cuando los catalanes tengamos unos intereses diferentes de los españoles, siempre saldremos perdiendo.

¿Cómo sería una Catalunya Independiente?

Si, pero, ¿como sería una Catalunya independiente? El hecho de que no se pueda saber con precisión cómo funcionará el nuevo país no quiere decir que no podamos decir nada sobre como será o que no podamos pensar en cómo nos gustaría que fuera. Lo primero que hay que aclarar es que no hay ninguna duda de que Catalunya sería viable desde el punto de vista económico. De hecho, entre los países más ricos y más competitivos del mundo que tienen las mismas dimensiones que Catalunya, como Suiza. Ser un país independiente nos garantizaría que seriamos un país pequeño, como Suiza, pero no que seríamos un país próspero, como Suiza. Portugal es un país pequeño que es más pobre que nosotros. Y eso tiene que ser una lección para todos los que pensáis en la independencia: si hacemos las cosas bien, las cosas nos irán bien pero si las hacemos mal, nos irán mal. La independencia no es garantía de nada. Es simplemente la oportunidad de hacer las cosas de manera diferente.

El Dividendo Fiscal: el 8% del PIB

Catalunya independiente tendría un dividendo fiscal ya que todo el dinero que ahora pagan los catalanes y que se marcha de Catalunya a través del sistema fiscal español, se dejarían de marchar. Eso, por sí solo, representaría una ganancia de cerca del 8% del PIB. Recuperar este dividendo no es la razón por la cual nos tendríamos que marchar pero sí que es cierto que permitiría a la Generalitat de Catalunya volver a tener los niveles de solvencia que tendría que tener dados los impuestos que paguemos los catalanes. Hemos hecho las cuentas y hemos visto que, de entrada, la Generalitat tendría un superávit presupuestario que rondaría entre los 11.000 y los 13.000 millones, dependiendo de la parte de la deuda española que decidiéramos heredar a los catalanes. Este superávit presupuestario estaría garantizado desde el primer día.

¿Asumiremos la Deuda Española?

Fijaos en que he dicho “decidiéramos” heredar. Enfatizo la palabra “decidiéramos” porque esta será una decisión nuestra y no una imposición de España. Hemos visto que la deuda española es española y lo tendrán que pagar los españoles. El artículo 38.1 de la convención de Viena dice: “Ninguna deuda de estado del Estado predecesor pasará en el Estado de reciente independencia”. Por lo tanto, de entrada no tendremos que pagar nada. Ahora bien, sí que es cierto que una vez se vea que Catalunya se marcha, empezará un proceso de negociación entre España, Catalunya y la Unión Europea en el qué el objetivo de todos será que los daños sean los más pequeños posible. Eso nos llevará a nosotros a aceptar una parte de la deuda española (si no, España será insolvente y eso será un grave problema para toda la UE, incluida Catalunya) que puede oscilar entre el 11% y el 18,4%. A cambio, los españoles se tendrán que comprometer a no boicotear la permanencia de Catalunya en la UE y en la Eurozona, una permanencia que conviene en España –que para exportar a Europa tiene que pasar por Catalunya-, en la UE –y sobre todo sus multinacionales instaladas en Catalunya- y, naturalmente, también nos conviene a los catalanes. Durante proceso de negociación los catalanes tenemos que estar dispuestos a asumir entre el 11% y el 18,4% de la deuda española, sabiendo que en cualquier caso será perfectamente asumible para el nuevo gobierno catalán. Los números que presento en el libro “La Hora del Adiós?” muestran que la Generalitat tendría superávit incluso en caso de que acabara asumiendo el 18,4% de la deuda española.

Las Pensiones

Una de las cosas que más preocupa a los ciudadanos de Catalunya son las pensiones. Muchos se preguntan si una Catalunya independiente podría hacer frente a las pensiones de sus jubilados. Lo primero que hay que entender es que el sistema de pensiones que tenemos ahora está basado en el reparto entre los jubilados de las cotizaciones que hacen los trabajadores. Es decir, los trabajadores pagan una parte de su salario a la seguridad social y ésta coge el dinero y lo reparte entre los jubilados. Lo que cobran los jubilados, pues, depende del número de trabajadores, del salario que cobran éstos y del número de jubilados a repartir. Dado que en una Catalunya independiente seguiría habiendo jóvenes trabajadores que cotizarían en la seguridad social, nadie puede dudar de que seguiría habiendo pensiones. La pregunta es si las pensiones serían más altas o menos altas que ahora. Según los estudios que cito en el libro “La Hora del Adiós?”, el número de trabajadores por jubilado en Catalunya es más alto que en España, y los salarios de estos trabajadores son más altos en Catalunya que en España. Estos dos factores implican que las pensiones de los jubilados catalanes no sólo no tendrían que bajar sino que podrían aumentar cerca del 10%.

Un País Próspero

Pero ni el dividendo fiscal, ni la posibilidad de tener a una Generalitat solvente y capaz de volver a hacer las políticas económicas y sociales que interesan a los ciudadanos, ni la posibilidad de tener unas pensiones más elevadas son suficientes para querer obtener la independencia. Pienso que la razón para querer la independencia es tener la oportunidad de cambiar radicalmente de rumbo y construir un país diferente. Una posibilidad que en España, ya no tenemos.

Para ser un país próspero, hacen falta unas instituciones públicas y privadas transparentes, eficientes y libres de corrupción. Hace falta un sistema legal que funcione rápidamente, que imparta justicia de manera imparcial sin interferencias políticas. Hace falta un sistema de infraestructuras diseñado con el objetivo de facilitar la vida de los ciudadanos y las empresas y no con criterios políticos radiales. Hace falta un sistema fiscal justo y equitativo, donde los impuestos no asfixian la actividad económica y donde no se hace pagar más a los ciudadanos que cumplen sus obligaciones para llenar el vacío de dinero que generan los listillos evaden o eluden impuestos. Hace falta un sistema educativo que prepare a nuestros jóvenes para los retos tecnológicos y de innovación que ya los están amenazando. Un sistema educativo que abandone la memorización y se concentre en fomentar la curiosidad y la creatividad de los niños. Al fin y al cabo, son la curiosidad y la creatividad las que permitirán a los jóvenes del futuro innovar, crear y hacer los trabajos que las máquinas no pueden hacer. Un sistema educativo que no permita que el 50% de los que acaban la escolarización estén condenados a no encontrar trabajo. Hacen falta unas leyes y regulaciones laborales que no den como resultado que la tasa de paro se dispare por encima del 20% cada vez que hay una crisis económica. Hace falta una regulación bien pensada que no ahogue innecesariamente la actividad económica, que no ponga trabas a la creación de empresas por parte de los jóvenes innovadores, que facilite que las pequeñas empresas se conviertan en medias y que las medianas empresas se vuelvan grandes. Hace falta un sistema financiero que no sólo dé créditos hipotecarios (que es el que, básicamente, hace la banca regular) sino que encuentre maneras de financiar proyectos innovadores que tienen un riesgo que la banca normal no puede o no quiere asumir. Hace falta una red de universidades de élite que dé la mejor educación del mundo a los jóvenes estudiantes y que genere ideas científicas a través de la investigación y el desarrollo. Hace falta un sistema económico diversificado donde las empresas de éxito no sean aquellas que viven de la obra pública, de los permisos, de las licencias o de las concesiones que da el poder del estado sino las empresas que hacen productos nuevos, atractivos y de alta calidad, utilizando técnicas organizativas y de gestión innovadoras y a través de procesos cada vez más creativos.

El problema es que todo eso que nos hace falta para ser prósperos, difícilmente lo obtendremos dentro de España. Porque parece que los intereses españoles van por otro lado. La mentalidad radial está grabada en su ADN desde que Felipe V hizo la primera red de caminos reales con el objetivo de que los ciudadanos pudieran ir a ver al rey y el rey a los ciudadanos. Esta mentalidad no ha cambiado desde entonces y no cambiará ahora. La demostración es que los últimas infraestructuras que se han hecho en España, como el AVE, se han vuelto a hacer con la mentalidad radial o que la gestión de los aeropuertos por parte de AENA, se hace, todavía en 2014, de manera radial. Incluso cuando la Unión Europea decidió poner dinero para conectar con ferrocarril los puertos del Mediterráneo con los mercados del norte de Europa con el objetivo llevar las mercancías que venían del Asia a través del canal de Suez, el gobierno de Madrid pidió que el dinero no se invirtiera en el corredor mediterráneo sino a una vía que fuera desde de Algeciras hasta Francia... ¡pasando para Madrid! El ADN radial sigue incrustado en el proceso de decisión español. Y eso no nos interesa.

El sistema educativo que nos interesa tampoco lo obtendremos dentro de España. España acaba de aprobar una reforma educativa. Por lo tanto, tiene el sistema educativo más reciente del mundo. Pero fijaos en que el debate que ha habido para diseñar e implementar esta reforma educativa se ha centrado en dos temas: la introducción de la religión como asignatura obligatoria y el número de horas de castellano que se hacía a las escuelas catalanas. Una pérdida monumental de tiempo mientras la mitad de nuestros jóvenes están en el paro y mientras el resto del mundo piensa en construir un sistema educativo que promueva la creatividad entre nuestros estudiantes. Los catalanes no tenemos que perder el tiempo cuestionando la lengua o si la religión tiene que ser obligatoria. Tenemos que dedicarnos a pensar en los temas importantes que se debaten en el resto del mundo. Y claramente eso no lo podremos hacer mientras estemos dentro de España.

El sistema judicial también es imposible de cambiar dentro de España. La lentitud de la justicia perjudica la eficiencia económica que requiere de decisiones judiciales rápidas y ágiles. La lentitud también perjudica la equidad. A mí, como Catalán, me da vergüenza que personas como Félix Millet (por mencionar un caso de personaje corrupto que confesó sus delitos hace ya muchos años) siga campando a sus anchas mientras la justicia lo mira de lejos. La lentitud de los jueces acaba generando una injusticia ya que queda en libertad durante una década, una persona que debería estar encarcelada. Lo mismo pasa con todos los casos de corrupción que han plagado las políticas Catalana y Española durante los últimos tiempos. Y celeridad con la que los jueces de todo el sistema han actuado contra el referéndum de Catalunya parece indicar que, cuando quieren, los jueces sí pueden trabajar a una gran velocidad. La pregunta es: ¿por qué solo lo hacen cuando es cuestión de perseguir urnas, papeletas, políticos o carteles electorales y no cuando hay que perseguir criminales?

El problema es que los grandes partidos españoles no parecen estar por la labor de reformar nada. El actual sistema ya les va bien. El PP y el PSOE favorecen la funcionarización de los cuerpos judiciales, cosa que perjudica la independencia de sus decisiones.

Además, los dos grandes partidos españoles siguen dispuestos a repartirse, sin vergüenza, los cargos del tribunal constitucional sin darse cuenta de que eso comporta una pérdida de confianza por parte de los ciudadanos. La deriva antidemocrática del estado español durante los últimos años y la total impunidad con la que el gobierno ha utilizado las cloacas del estado para falsificar evidencia incriminatoria contra adversarios políticos catalanes demuestra que la separación de poderes que fundamenta cualquier democracia del mundo, no se acaba de respetar en la España actual.

El sistema tributario sigue siendo intimidatorio e injusto. Pero en lugar de reformarlo, el ministro Montoro aumenta los impuestos de los qué pagan para compensar el dinero que no recaudan de los que no pagan. No hay ninguna señal que demuestre que eso tiene pinta de cambiar.

La Clave: ¿Quién Toma las Decisiones?

Resumiendo, Catalunya se enfrenta a una serie de grandes retos que actualmente frenan nuestras aspiraciones económicas y sociales. Todo indica que estos retos no se podrán dirigir dentro de España. Con eso no quiero decir que los españoles sean malos, sean irracionales o estén constantemente maquinando maneras de perjudicar Catalunya. No es eso. Lo que pasa es que, en muchos aspectos de la vida, ellos tienen unos intereses diferentes. Ellos quieren tener estructuras radiales y nosotros no. Ellos quieren que en las escuelas catalanas se hable una determinada lengua y nosotros queremos que se hable otra. Ellos quieren tener un sistema judicial o tributario y nosotros queremos otro. A ellos les interesa un determinado sistema de financiación autonómico y a nosotros otro. Ellos quieren corridas de toros y nosotros no. Ellos quieren proteger los intereses de las grandes empresas energéticas aunque eso las lleve a apagar la luz y la calefacción de las abuelitas que no pueden pagar sus facturas y nosotros queremos proteger a los pobres de los abusos de poder con leyes que el constitucional acaba tumbando. Ellos no quieren acoger a refugiados de las guerras de Siria e Irak y nosotros sí.

Es decir, tenemos gustos, preferencias y prioridades distintas. Ni mejores, ni peores. Distintas. No hay que decir que ellos tienen todo el derecho a tener sus intereses de la misma manera que nosotros tenemos el derecho de tener los nuestros. El problema es que, sin un sistema de garantías que protejan a las minorías, cuando lo que quieren ellos (que son mayoría) difiere de lo que queremos nosotros (que sólo somos el 16%), nosotros siempre perdemos. Y por lo tanto, en España se acaba implementando el qué les interesa a ellos y no a nosotros. Eso siempre ha sido así y siempre será así. El estatut tenía que ser una manera de blindar y proteger nuestros intereses y, de nuevo, el rodillo de la mayoría española lo tumbó aunque la mayoría catalana la había aprobado. Esta imposibilidad de arreglar nuestros problemas dentro de España explica que, en definitiva, haya cada vez más ciudadanos catalanes que se pregunten si no es mejor marcharse.

Cuando estos ciudadanos piensen si les conviene marcharse, deben recordar una cosa muy importante: la independencia, por sí sola, no es la solución a nuestros problemas. La independencia, sin embargo, es la oportunidad para hacer las cosas que dentro de España no podemos hacer. Una vez seamos independientes, seremos un país normal y, como todos los países normales, escogeremos a nuestros líderes y votaremos nuestras leyes. Y cuando tomemos estas decisiones, quizás nos equivocaremos. Los catalanes no somos mejores que los españoles (tampoco somos peores) y, por lo tanto, no está asegurado de que haremos las cosas bien y que escogeremos gobernantes que no son ni incompetentes, ni corruptos, ni malos. Ahora bien, lo que sí sabemos es que no nos irán sistemáticamente en contra. No tendremos unos dirigentes que sistemáticamente defienden unos intereses que no son los nuestros y eso beneficiará los intereses de nuestros ciudadanos.

La independencia, pues, no es la solución mágica a todos nuestros problemas pero sí que es la garantía de que tendremos las herramientas para encontrar esta solución. Supongo que es por eso que, en Catalunya, cada vez somos más los que queremos cambiar las cosas. A día de hoy, yo no sé si somos es mayoría. Si no lo somos, lo tenemos que aceptar y lo aceptaremos. Pero si lo somos, entonces entre todos tenemos el derecho y la obligación de irnos.

Por todo esto, yo el día 1 de Octubre votaré y votaré SÍ. ¡Ha llegado la hora del adiós!

(Este texto es una adaptación resumida de mi libro “La Hora del Adiós?”. Si quieres ver los datos exactos citados en este post, solo tienes que acudir al libro)

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INTRODUCTORY NOTE

Starting January 30, 2012, I decided to put the random (economic) thoughts that I was posting on Facebook, in a blog. In this site you will be able to read all Facebook notes going back to 2008, (without my Friend’s comments, unfortunately), but we will only maintain the new thoughts. If you want to check out the old comments, they are still posted on Facebook. If you want to comment on them, you have two options (1) Become a Facebook Subscriber. Since all the posts will also appear in Facebook, you will be able to comment there. (2) Comment on Twitter, as each post will also be announced in Twitter.

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